Resiste, pueblo mío, resisteles.

Resiste el ataque del colonialista.

No prestes atención a sus agentes entre nosotros

Que nos encadenan con la ilusión pacífica.

No temáis lenguas dudosas;

La verdad en tu corazón es más fuerte,

Mientras resistas en tu tierra

En la que has vivido a través de redadas hasta la victoria.

Del poema: Resiste, mi pueblo, resísteles.

Autora la poeta palestina: Dareen Tatour.

El acuerdo secreto Sykes-Picot, febrero de 1917, redibujaba el Oriente Medio bajo el Imperio Turco para quedárselo Inglaterra-Irlanda, Francia y Rusia zarista, con Walter Rothschil haciendo negocio por medio. Con el triunfo de la Revolución Soviética, octubre de 1917, los revolucionarios descubrieron la documentación con el acuerdo secreto entre los que se prometían ser nuevos colonizadores, y Lenin lo denunció al mundo entero.

Como la caída de Rusia zarista bajo la Revolución, el mismo surgimiento de la Revolución y la denuncia hicieron que el acuerdo para el robo de Oriente Medio quedase en entredicho, Inglaterra y Francia se dispusieron a readaptarlo a las condiciones surgidas tras la Primera Guerra Europea y firmaron la Declaración Balfour en noviembre de ese año 1917. Queda aquí el punto culminante de la Declaración Balfour: “El gobierno de Su Majestad ve con buenos ojos el establecimiento en Palestina de un hogar para los judíos, y utilizará sus mejores medios para facilitar la consecución de esta causa.”

En la Declaración hablaban de respetar los derechos de los pueblos del área, pero eso no constituía sino la falsedad política con la que actuaban, y así se lo planteaban ellos mismos en un documento de Balfour al gobierno inglés: “En Palestina ni siquiera nos proponemos pasar por la formalidad de consultar los deseos de los actuales habitantes del país … Las cuatro grandes potencias están comprometidas con el sionismo, y el sionismo, bueno o malo, correcto o incorrecxto, está anclado en antiquísmas tradiciones, en necesidades actuales y en esperanzas futuras de mucha mayor importancia que los deseos o preocupaciones de los 700.000 árabes que ahora habitan esta antigua tierra.”

A la vez, como la situación de Inglaterra era dificil de sostener en la zona, para conseguir la colaboración y ayuda de los representantes árabes, el gobierno inglés redondeó su falsedad prometiéndoles que a cambio de su levantamiento contra el imperio turco Inglaterra favorecería su independencia. El levantamiento fue como el gobierno inglés esperaba y el imperio turco quedó derrotado, así es como Inglaterra recuperaba sus fuerzas, entonces volvió a poner sobre la mesa los planes de dominación con la Conferencia de Paz de París en 1919. Otra vez las potencias europeas hicieron ver a los árabes que los acuerdos a los que llegaban no servían de nada, que su interés en la explotación imperial dependía de su carácter de clase, que no tenían ninguna intención de darles pie para que consiguiesen su independencia, que la hipocresía política que conformaba a las potencias europeas era la misma con la que habían robado siempre por el mundo.

El 28 de junio de 1919 las potencias europeas en guerra firmaron el Tratado de Paz de Versalles y 6 meses de negociaciones dieron la Conferencia de Paz de París, desde la que los gobiernos inglés y francés levantaron la conocida como Sociedad de Naciones, o también Liga de las Naciones, para que tal Sociedad emitiese mandatos sobre Oriente Medio a favor de las dos potencias coloniales vencedoras: Inglaterra se hacía cargo del Mandato sobre Palestina, Transjordania e Irak, y Francia se adueñaba del Mandato sobre Líbano y Siria. Como vemos firmaban, se autoasignaban y creaban hasta una legalidad que les hiciese aparecer como guardadores de la civilización en los territorios con los que se enriquecían mediante la extracción del petróleo y el gas de la zona; robando en las colonias se fortalecieron como potencias imperiales.

En 1922 la Liga de las Naciones asignó al gobierno inglés de la Explanada de las Mezquitas para que se respetase el “libre acceso, el ejercicio de culto y la preservación de los derechos ya existentes.” En ese que se denominó Mandato Británico se dejaba meridiánamente claro que los Lugares Santos pertenecían y quedaban en manos de la población árabe.

En 1929, como consecuencia de las numerosas revueltas contra la permisividad inglesa con los sionistas, que llegaban a Palestina bajo el proyecto de la ocupación que la potencia ocupante llevaba a cabo, en la Liga de las Naciones se formó una Comisión compuesta por Holanda, Suecia y Suiza, que debía estudiar una solución, y el 8 de junio de 1931 aprobó el siguiente veredicto que se convirtió en ley:

“La propiedad, y los derechos propietarios sobre el Muro del Oeste pertenecen exclusivamente a los musulmanes, puesto que forman parte integral del Haram al-Sharif -Explanada de las Mezquitas- que es una propiedad del Wafq -Administración religiosa, nombre que se le da también a los terrenos de producción agricola y ganadera de propiedad religiosa para que la Administración disponga de medios-.

También pertenece exclusivamente a los musulmanes el terreno pavimentado situado frente al Muro, así como el adyacente conocido como Barrio Magrebí, opuesto al Muro, en vista de que, como la propiedad mencionada anterioremente, fue convertido en Waqf bajo la ley musulmana Sharia, y está dedicada a propósitos de caridad.

Cualquier objeto de culto y/o cualquier otro objeto que se permita a los judíos colocar cerca del Muro gracias a lo decidido en este veredicto, o a un acuerdo al que lleguen entre las partes, bajo ninguna circunstancia podrá ser considerado como, o tener el efecto de, establecimiento para ellos de derecho de propiedad alguno sobre el Muro o sobre la explanada pavimentada adjunta.

En todo momento a los judíos se les dará acceso libre al Muro del Oeste con el propósito de rezar.”

Si esto fue en 1931, Inglaterra siguió con su propósito neocolonizador, y en 1936 los enfrentamientos entre palestinos y sionistas habían crecido, y el gobierno inglés enfocó directamente a sus negocios con los que iban a ser los nuevos ocupantes, para ello encargó a Peel

un plan de partición que los árabes no aceptaron, ¿por qué habían de aceptar que se les quitase la mitad de su territorio para dárselo a los que tenían negocios con Inglaterra, para que se sostuviese la   colonización en nuevas manos?. La consecuencia es que los enfrentamientos continuarían creciendo, y terminada la Segunda Guerra Mundial, reconocida la independencia de las colonias y el derecho a su autodeterminación en el nuevo organismo internacional sustituto de la Liga de las Naciones, la Organización de las Naciones Unidas (ONU), se encargaron de negar el principio que ellos mismos habían aprobado, otra vez la mentira caía sobre el pueblo árabe de Palestina, decidieron dividir el territorio siguiendo el plan elaborado por Earl Peel en 1936. Inglaterra compró votos en el organismo creado y lo forzó para que aprobase la división y entrega al sionismo más de la mitad de Palestina, dejando a Jerusalén bajo Administración de la ONU. Aun así hubo una minoría que se opuso proponiendo un Estado Federal con Jerusalén como capital. Los ingleses querían seguir en la colonia y lo impidieron.

El 29 de noviembre de 1947 la ONU bajo dominio del régimen inglés colaboracionista del sionismo, aprobó la Resolución 181, también llamado el Plan de Partición. El Alto Comité Árabe y los Gobiernos Árabes lo rechazaron de plano.

Pero pasemos a otro momento, Europa estaba en el último tramo de la Segunda Guerra Mundial, dejando en medio guerras de resistencia y supervivencia de los árabes a las que las potencias imperiales hicieron frente, y situémonos en el punto de vista de los colonizados, leemos:

“En el Protocolo de Alejandría, que sirvió de base a la Liga Árabe fundada poco después, los jefes de Estado árabes reunidos habían constatado lo siguiente en octubre de 1944: “La comisión declara asimismo que lamenta como el que más los sufrimientos infligidos por las dictaduras europeas a los judíos de Europa. Pero la situación de esos judíos no debería confundirse con el sionismo, pues no puede haber mayor injusticia ni mayor agresión que solucionar el problema de los judíos de Europa mediante otra injusticia causada a los árabes de Palestina de distintas religiones y confesiones.”

Del libro: Historia de Palestina. Desde la conquista otomana hasta la fundación del Estado de Israel.

Autor: Gudrun Krämer. Editorial: Siglo XXI.

Es preciso señalar a los responsables, en el Protocolo de Alejandría se indica que son los europeos que se comportaron dictatorialmente, y es que en ellos se encuentran los intereses imperialistas que les conducen. La historia se repite, esos mismos insisten en sus actos: ingleses y franceses colonizaban la región una vez terminada la guerra mundial, y antes de retirarse de nuevo acordaron otra traición a los pueblos árabes. En la ONU creada sobre la base de la Sociedad de Naciones dispusieron llevar a cabo el negocio neocolonizador con los inversores sionistas del mundo financiero traspasándoles más de la mitad de Palestina. Los representantes árabes y sus pueblos se oponían a que se entregase su país y el pueblo palestino en el negocio europeo del petróleo y el gas, bajo la excusa de pagar por las injusticias cometidas a un sector poblacional de la misma Europa, al grupo sionista, que habiendo jugado la carta de colaboradores de los nazis con un cuerpo de ejército, sus fondos financieros se entrecruzaban con los negocios de las potencias europeas colonizadoras.

Ahora situémonos en el avance sionista sobre Palestina: la Explanada de las Mezquitas ha sido un objetivo de su especial interés, el propósito de los neocolonizadores últimos era y es anular todo vestigio palestino para borrar a Palestina de la Historia. Los crímenes del ente israelí desde 1948 han ido siempre en la misma dirección, no reconocer que existe el pueblo palestino, no permitir que se nombre a Palestina, no aceptar que ejerza su independencia, que levante su propio Estado ni que se establezca un Estado Federal, y aquí entra como asunto de primer orden borrar el símbolo, su imagen más representativa, Jerusalén y la Explanada, para lo que el sionismo ha hecho permanente el acoso a la ciudad, la agresión a la mezquita de Al Aqsa, y la persecución de su pueblo para amedrentarlo, anular sus documentos de residencia o simplemente desahuciarlo de sus casas y expulsarlo. Por eso la conquista de la ciudad y de su centro histórico es la pieza más evidente de la ocupación militar israelí, que saltando por encima de toda Ley, de todo el Derecho, cumple con todos y cada uno de los componentes de una dictadura.

Tomemos ejemplos concretos y cercanos:

Cuando Ariel Sharon, el asesino de Sabra y Chatila y promotor de asentamientos sionistas, el 28 de septiembre del 2000 con centenares de militares irrumpe en la Explanada, provoca enfrentamientos con la población palestina que asistía a su lugar de oración, busca el objetivo final, la toma de la Explanada. Entonces el régimen israelí prohibe el paso de la población palestina de entre 15 y 50 años a la Explanada de las Mezquitas. Como parte de la respuesta la multitud extendió sus alfombras en el suelo de las calles adyacentes y se dispuso a orar. La Intifada de Jerusalén no había hecho más que empezar. La resistencia popular se extendió a todo Palestina. El resultado de la agresión de Ariel Sharon con sus mercenarios al pueblo jerusalitano en la Explanada y la consiguiente intifada, levantamiento popular, fue de casi 4.000 palestinos asesinados, de los cuales 800 eran niños y niñas. Para aplastar la autodefensa palestina el régimen dictatorial sionista llegó a bombardear con su aviación la ciudad de Ramalla y parte de Gaza.

Se hace necesario dar un salto para no perder de vista lo sucedido con la Explanada de las Mezquitas. Ya hemos señalado la declaración de la Liga de las Naciones en 1931 sobre su pertenencia, sin ningún género de dudas, a los musulmanes-pueblo palestino para entendernos hoy-

Ahora situémonos en fechas más recientes, octubre de 2016, la UNESCO acuerda una Resolucióncon la que niega la relación de la capital Jerusalén con el judaismo, y lo declara un centro del mundo árabe y religioso. Más aún, en esa Resoluciónhace incapie en que la Explanada de las Mezquitas es un lugar sagrado para los musulmanes, llegando a nombrar los dos lugares de oración allí existentes: Haram al-Sharif y Al-Aqsa, ésta última la mezquita principal de la Explanada.

La Resolución de la UNESCO 200 EX/PX/DR.25.2 Rev. termina declarando dos aspectos fundamentales:

“Lamenta el daño causado por las fuerzas israelíes, especialmente desde el 23 de agosto de 2015, en las puertas y ventanas históricas de la mezquita de Al-Qibli, en el complejo de la mezquita de Al-Aqsa-Al Haram al-Sharif, y reafirma, a este respecto, la obligación de Israel de respetar la integridad, la autenticidad y el patrimonio cultural de la mezquita de Al-Aqsa-Al-Haram al-Sharif, como se refleja en el statu quo histórico, como lugar sagrado de culto para los musulmanes y componente de un sitio del patrimonio cultural mundial.

Y: Deplora la decisión de Israel de aprobar la instalación de dos líneas de teleférico en Jerusalén Oriental y el proyecto denominado “Casa Liba” en la ciudad vieja de Jerusalén, así como la construcción del denominado “Centro Kedem”. Un centro de visitantes próximo al muro meridional de la mezquita de Al-Aqsa-Al Haram-al-Sharif, la construcción del edificio Strauss y el proyecto de ascensor en la Plaza de Al-Buraq, Plaza del Muro Occidental, e insta a Israel, la potencia ocupante, a que renuncie a dichos proyectos y ponga fin a las obras de construcción de conformidad con las obligaciones que le corresponden en virtud de las convenciones, resoluciones y decisiones pertinentes de la UNESCO.”

La respuesta de Israel fue una campaña de amenazas, agresiones y acusaciones al organismo internacional, y provocaciones tanto en la ONU -recuerden la intervención reciente de la representante de Cuba en defensa del pueblo palestino- como en las calles de las ciudades de Palestina, la más relevante ha sido su toma militar reciente de la Explanada de las Mezquitas para prohibir el paso a los palestinos, y éstos para impedir el atropello se lanzaron a una batalla de resistencia que han terminado ganando, haciendo que el ejército ocupante se retire, pues la unidad manifestada, a pesar de los 15 palestinos que asesinó, los 1500 que hirió y los 400 que capturó, lanzó al mundo su justa causa, y demostró que desde su unidad la Resistencia palestina conmueve al internacionalismo y consigue que sus derechos se respeten.

 

Ramón Pedregal Casanova, los dos últimos libros “Gaza 51 días” y “Palestina. Crónicas de vida y Resistencia”, “Dietario de Crisis”, “Siete Novelas de la Memoria Histórica. Posfacios”. Presidente de la Asociación Europea de Cooperación Internacional y Estudios Sociales  AMANE.  Miembro de la Comisión Europea de Apoyo a los Prisioneros Palestinos.

 

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