Pronunciado el dictado de los votos, que ascendió a más del 41.53 %, el pueblo revolucionario de Venezuela se dispone a cursar una segunda experiencia constituyente que tiene, en cantidad y en calidad, horizontes nuevos. Una verdadera Revolución (también Cultural). La premisa del mandato es imponer la paz para extirpar, enérgicamente, el negocio macabro de la guerra económica y del terrorismo desatado, también en los “medios de comunicación”, para descarrilar la Revolución Socialista y bolivariana. La orden del pueblo es categórica, los tiempos son “cortos” y la esperanza es mucha. No puede haber equivocaciones.

Para todo ese cometido más de 8 millones de personas mandatan la creación de una Asamblea Nacional Constituyente a que resuelva las premisas dichas, perfeccione la constitución vigente (de 1999) y someta a referéndum pronto un documento plataforma que garantice, en tiempo y forma, el espíritu “desencadenante” para el cual, el presidente Nicolás Maduro, convocó al pueblo el 1 de mayo de 2017. Están dadas las condiciones.

¿Pero qué será tal “desencadenante”? Cierto “ultra-izquierdismo” parece no tener paciencia ante el ritmo con que se mueve la Revolución bolivariana, ni sus líderes, en el escenario mundial, regional y local actuales. Algunos, incluso, no aceptan la existencia de tal Revolución Otros, a veces aislados y a veces en coro, se visten de “izquierda“ dura para no solidarizar con las movilizaciones populares ni con su dirección. Mientras tanto, las masas se abrazan a un plan de lucha en el que Hugo Chávez mantiene vigencia plena y los paradigmas de su proyecto socialista parecen intactos. No se ve que esa “izquierda” sea capaz de concitar la confianza de las bases y ellas le entreguen una dirección política. Ese paisaje, aquí bocetado de manera general, admite muchos matices y excepciones que no serán detalladas. En todo caso, el carácter “desencadenante” de la constituyente debería, “desencadenar” saltos cualitativos para alcanzar una meseta de unidad política inédita y fortalecedora. Frente único. Ya se verá.

Es un hecho “desencadenante” la propia Asamblea Nacional Constituyente. Logró liberar potencias políticas inéditas y ejemplares como las de esos venezolanos que cruzaron ríos y montañas para, bajo acosó de fuego terrorista, ir a votar por su Constituyente. Todo ello en un país donde el abstencionismo ha sido muy costoso. Desencadenó una épica del sufragio realmente revolucionaria. Desencadenó la memoria, el clima y el rescate de los mejores momentos del chavismo que habían quedado “secuestrados” en la emboscada criminal de la “Guerra Económica” en marcha.

Pero el efecto “desencadenante” de la Constituyente promete llegar a territorios nunca vistos. Promete ser el garante del “punto de no retorno”, que tanta falta ha hecho en muchos momentos de la refriega diaria, donde los agobios se suman y algunas fatigas eclipsan lo importante. Promete ser un vertedero de moral revolucionaria que irá inaugurando nueva conciencia con su fuerza de clase en revolución ascendente hacia la praxis. Un esplendor que nos exige ser atentos y minuciosos para un aprendizaje, inédito y necesario, donde seamos capaces de romper las vestiduras ideológicas de lo viejo para arroparnos con las prendas constituyentes de la nueva etapa. Ser capaces de vivir y entender las exigencias de una etapa nueva. Insistamos en eso. No hay peor ciego que aquel que, aun queriendo, no puede ver las maravillas que le rodean.

En sus categorías más hondas, la fuerza desencadenante de la Constituyente, nos llevará al trance de una epistemología social nueva, en lo ético y en lo humanista, para una nueva concepción del poder, del verdadero poder, que es el poder originario: el pueblo mismo pero organizado. Esa experiencia “desencadenante” del conocimiento renovado, pondrá en orden al mundo. Pondrá en su lugar los términos de la lógica necesaria para direccionar la acción social transformadora e inclusiva y la acción de la unidad de intereses comunes reglamentada por el consenso hacia una cultura nueva de lo común, de lo social, de lo socialista… absolutamente urgentes. Se trata de un efecto “desencadenante” que desencadenará de nosotros lo necesario para ser mejores seres humanos y estar a la altura de nuestros mejores planes humanistas, es decir, pues, socialistas. En plena Asamblea. Marx militaría en esto.

Se “desencadena” entonces la inteligencia de las masas que encuentran sus programas históricos para la acción emancipadora. Se “desencadenan” los sueños, los anhelos y las estrategias científicas y políticas para realizarlos. Se “desencadena” la hegemonía del bien común contra la dictadura del individualismo, se “desencadena” la belleza de la creación comunal contra la perversidad del consumismo onanista. Se “desencadena” un Plan de la Patria re-potenciado contra los planes de negocios macabros que la “oposición” golpista viene pergeñando al servicio del imperio yanqui.

El carácter desencadenante de la Asamblea Nacional Constituyente incuba una nueva Filosofía Política Socialista desde sus bases: Comuna o nada. Desencadena un espíritu de lucha que se renueva en su propia dialéctica descolonizadora y se desencadena un poderío creador que tendrá sus retos en la conformación de las leyes y reglamentos que perfeccionarán la constitución de 1999. Ese “desencadenante” hace visible una fortaleza que está invisibilizada en muchos países y para millones de personas. Ese “desencadenante” pone como protagonista de su propio destino al protagonista principal que es el Poder Originario y lo muestra con orgullo y con decisión incluso en aquellos desafíos, o agendas, en los que pudiera tener dudas o interrogantes difíciles. Pone, pues, en evidencia un camino “desencadenado” armado con efectos multiplicadores de desencadenamientos permanentes: la libertad y la independencia en movimiento.

Por lo tanto, colaborar con el carácter “desencadenante” de la Constituyente, es una obligación moral y ética de primerísima importancia. Es un deber revolucionario y es una necesidad urgente. No para discursos o loas de gratuidad oportunista. No para cobijarse con mantos de bondad colaboracionista. No para arribismos. Se trata de una oportunidad histórica que el pueblo de Venezuela se da a sí mismo -y nos da a todos- para poner a prueba capacidades y talentos creativos, sensibilidades y fortalezas en la Batalla de las Ideas que ha de derrotar, en la práctica, a la guerra económica; para derrotar en los hechos a la guerra mediática; para derrotar en todos los campos a la guerra psicológica auspiciada por la maldad imperial de las burguesías apátridas y asesinas. Una gran revolución cultural. Es hora de que cada quien, desde sus fuero interno, elabore su autocrítica más proactiva y sincera para “desencadenar”, de sí mismo, la mejor versión personal que ha de fundirse en una sola con la voluntad constituyente desencadenada hoy en Venezuela. ¿Hay algo mejor que hacer a estas horas?

 

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