La votación en esta jornada histórica del 30 de julio y la posterior instalación de dicha ACV es un parteaguas (al que teme hasta los tuétanos dicho frente unido trumpista, especialmente el imperialismo made in USA que sabe, como dice Atilio Boron, lo que está en juego en términos geo-económico-políticos) para el presente y futuro de las causas populares y pro-revolucionarias en Latinoamérica y a nivel internacional y global; es la “hora cero” que incide directa e indirectamente en la correlación de fuerzas y la lucha de clases.


Fuente: Rebelión

 

“Esta Constituyente venezolana es una responsabilidad de todos en todo el mundo. No podemos abandonarla. No podemos ni debemos ser indiferentes. No podemos ni debemos jugar a la neutralidad falaz. No podemos ni debemos guardar silencio”. Fernando Buen Abad.

“Y ante esa opción, imperio [trumpismo] versus chavismo, no hay neutralidad que valga. No nos da lo mismo, ¡no puede darnos lo mismo una cosa o la otra!”. Atilio Boron

Tal y como se han desarrollado los acontecimientos histórico-económico-políticos de los últimos años y meses en Venezuela, en Latinoamérica y en la geopolítica mundial, la instalación de la Asamblea Constituyente venezolana (ACV), aún con sus limitaciones y contradicciones de representación popular sectorial y territorial (que ha denunciado la Plataforma Ciudadana en Defensa de la Constitución) será un paso decisivo de resistencia triunfal de los pueblos y las clases populares de nuestramérica y del mundo, pues significará un contundente acto-proceso político-material de demostración de valiente soberanía de las masas chavistas o politizadas que reivindicarán con sus elecciones de representantes mediante el acudir a las sedes de votación su tenaz dignidad y su voluntad de mantenerse como población libre y en lucha.

No es sólo la propaganda oficial o el llamado del “Bonaparte dictatorial” Nicolás Maduro y los miembros de su gabinete (incluido el jefe de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, Vladimir Padrino) a votar y conformar la nueva constituyente y con ello renovar el poder originario del pueblo según la Constitución bolivariana de 1999 en sus artículos 347, 348 y 349. No es por seguidismo bolivariano o chavista que la gente acudirá a votar-elegir-demostrar, sino por convicciones de lo que se juega en ese territorio nacional históricamente expoliado y asediado por sus riquezas energéticos y materiales: o la defensa de dignidad popular mediante ese instrumento de resistencia del poder popular, o la subordinación a los voraces y cínicos designios de la derecha entreguista e internacional ahora comandada por el trumpismo y concretamente por el presidente yanqui D. Trump, que es el jefe más desfachatado, autoritario y pre-apocalíptico de los últimos 70 años, es decir desde Adolfo Hitler.

Así, dicha votación será una movilización reivindicativa del poder originario y al mismo tiempo de repudio al sometimiento, así como de expresión de la necesidad-posibilidad de avanzar en radicalizar el poder popular con aumento de la organización y con reorientación en implementar mejores medidas que garanticen las conquistas sociales y políticas para el pueblo-nación y las clases populares.

Una verdadera potencialidad y reacción antagonista, en primer lugar, contra la oligarquía burguesa apátrida y golpista y sus sectores sanguinarios y terroristas; así como contra el clero reaccionario y ultraconservador nacional e internacional.

En segundo lugar, contra los asedios internacionales hoy muy desatados de las burguesías más beligerantes, pro-imperiales y derechistas, especialmente latinoamericanas montadas en los gobiernos de Colombia, Argentina, Brasil y México y también de Europa como España y la UE (dirigidas, entre otros, por el nefasto Almagro de la OEA y por Mike Pompeo de la CIA).

En tercer lugar en contra de los halcones militares estadunidenses que se han movilizado para poner en acción sus planes invasores (léase operaciones Freedom desde el comando sur) y sus pertrechos guerreristas en mar, cielo y tierra (buques, submarinos, radares, aviones, drones, bases y armamentos terrestres).

En cuarto lugar, directamente contra Donald Trump, sus amenazas, medidas y boicots económicos-financieros, así como contra sus funcionarios, embajadores y aparatos intervencionistas y contrarrevolucionarios como el Pentágono, la FBI, la CÍA y el espionaje digitalizado.

En quinto lugar contra todo el poder mediático-discursivo e internético de los massmedia, servidores de las tergiversaciones, el dolo y las distorsiones tendenciosas informático-propagandísticas (y sus efectos psicológicos, ideológicos y post-verdaderos) a favor de las propiedades privadas y mercantiles capitalistas.

En sexto lugar también y desgraciadamente contra intelectuales, académicos, militantes y organizaciones que aparecen con su retórica, sus posicionamientos, análisis y declaraciones como “democráticos” y/o anti-autoritarios de izquierda y hasta revolucionarios radicales (infantiles, mejor dicho); y que en sus múltiples versiones se han aliado y han coincidido consciente o “inconscientemente” con los cinco grupos arriba descritos que pueden resumirse, quizá, en este tiempo-ahora (jetztzeit) como un solo frente unido: la bestia del capitalismo encarnado política-económica y militarmente en el trumpismo internacional. Engendro cuya misión es llevar al planeta y a la humanidad al colapso.

La votación en esta jornada histórica del 30 de julio y la posterior instalación de dicha ACV es un parteaguas (al que teme hasta los tuétanos dicho frente unido trumpista, especialmente el imperialismo made in USA que sabe, como dice Atilio Boron, lo que está en juego en términos geo-económico-políticos) para el presente y futuro de las causas populares y pro-revolucionarias en Latinoamérica y a nivel internacional y global; es la “hora cero” que incide directa e indirectamente en la correlación de fuerzas y la lucha de clases. En efecto, su avance triunfal de resistencia y recomposición por parcial que sea (como lo señala la citada Plataforma Ciudadana en Venezuela) y a la espera de un referéndum aprobatorio popular y de la segura escalada golpista dolida, inclina la balanza hacia el lado de las luchas populares, antimperialistas, antisistémicas y tendencialmente pro-revolucionarias. Por ello definitivamente es digna de apoyarse, reivindicarse y defenderse; es un paso importantísimo para detener momentáneamente al avorazado frente trumpista, que en este “instante de peligro” (como diría W. Benjamin) coadyuva a alimentar política y éticamente convicciones de resistencia-combate anti-trumpistas urgentes, necesarias y posibles.

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