Lamenta que la naturaleza sea considerada como un objeto cuyo uso está sujeto a la responsabilidad del hombre, ya que postula que el hombre no es propietario de la tierra. Tiene su disfrute, es de alguna manera usufructuario, pero tiene que legarla a las generaciones futuras después de haberla mejorado como un “buen padre de familia”.

Fuente: Investigaction

A menudo se olvida que Karl Marx es, ante todo, un filósofo. Sin embargo, debido a que sus ideas, demasiado contestatarias, no fueron del agrado de los poderes fácticos, nunca pudo obtener una cátedra en una universidad. Entonces, intentó el periodismo pero, de nuevo, fue atacado y se vio obligado a exiliarse. Se propuso un objetivo científico: el análisis de las condiciones sociales y económicas en las que se lleva a cabo el proceso de producción y explicó cómo las relaciones de dominación y subordinación eran ellas mismas producto de las relaciones capitalistas de producción.

La naturaleza está muy presente en su pensamiento. Marx subraya de hecho la importancia que tiene para el hombre y, por tanto, no sólo su valor como tal, sino la riqueza que produce. También llama la atención sobre los riesgos que corre debido a la sobreexplotación y al daño recibido por la contaminación del agua y del suelo. Hay que tener en cuenta que la contaminación del aire no era una preocupación en su tiempo, a pesar de los vapores de las máquinas que asfixiaban la atmósfera.

Marx cree que el hombre, a través de su trabajo, no puede producir riqueza material sin la ayuda de la naturaleza y habla de “intercambios orgánicos con la naturaleza”. Pero el trabajo no es para Marx la única fuente de valores. Él escribe que “el hombre no puede hacer tanto como la propia naturaleza”, es decir, simplemente cambia la forma del material y, en este trabajo de transformación “es sostenido constantemente por las fuerzas naturales”. Añade que si la tierra proporciona al hombre víveres preparados y un objeto de trabajo, no necesita el ser humano para existir.

Valor de uso/valor de cambio

Los bienes naturales, gratuitos, son en primer lugar valores de uso. Y, junto con los bienes disponibles, la tierra también proporciona al hombre la oportunidad de trabajar con los medios de producción de procedencia natural. No es necesario un cambio para que los bienes tengan un valor de uso. “El valor de cambio aparece en principio como una relación cuantitativa, como la proporción en la que valores de uso de diferentes especies se intercambian una con la otra”.

Tratando en primer lugar sobre la explotación de la mano de obra, Marx lamenta que “las máquinas agrícolas reemplacen a los hombres y que es equivocarse extrañamente suponer que el nuevo trabajo agrícola con máquinas lo compensa”.

Y remarca la destrucción del suelo que supone la intensificación de la agricultura: “la agricultura capitalista genera problemas incluso en el intercambio orgánico entre el hombre y la tierra, lo que hace más difícil el retorno de sus elementos de fertilidad, ingredientes químicos que le son arrebatados”.

Marx critica, por tanto, el progreso de la agricultura capitalista, que no sólo explota al trabajador, sino que asola el suelo. Aumentando la fertilidad a corto plazo, los procesos utilizados arruinan en efecto, a largo plazo, las fuentes sostenibles de fertilidad. Y, cuanto más industria moderna entra en ella, más rápida es la destrucción. La gran industria destruye bosques enteros y lo que pretende hacer para la reforestación es absolutamente insignificante.

Y, si Marx toma nota de los efectos desastrosos de la contaminación sobre los humanos, también se preocupaba por la naturaleza, incluyendo el agua del río, porque se da cuenta de los efectos destructivos de la industria sobre la calidad del agua: el uso de sustancias colorantes, liberar la basura en el agua, los buques en tránsito, la construcción de canales… privan a los peces de su entorno de vida.

La producción capitalista, escribe, concentra las fuerzas históricas motrices de la sociedad y al otro lado la interacción metabólica sin control entre la humanidad y la tierra; ella impide, en otras palabras, el retorno a la tierra de sus elementos nutritivos constituyentes. Lamenta que la naturaleza sea considerada como un objeto cuyo uso está sujeto a la responsabilidad del hombre, ya que postula que el hombre no es propietario de la tierra. Tiene su disfrute, es de alguna manera usufructuario, pero tiene que legarla a las generaciones futuras después de haberla mejorado como un “buen padre de familia”.

Las interpretaciones de la ecología de Marx pueden diferir. Pero si Marx escribe que “en tanto existan los hombres, su historia y la de la naturaleza se condicionarán recíprocamente”: ¿Se puede aún dudar?

Traducido por Carles Acózar Gómez para Investig’Action